Como buena hincha de Boca debo admitir que la vuelta del Virrey al banco xeneize es una idea casi de ensueño. Digo casi porque lo grandioso de la cuestión puede tener su punto en contra. En la conferencia de prensa previa al superclásico, Carlos Bianchi manifestó que se abstenía de hablar de dinero con los futbolistas que dirigió (Juan Román Riquelme, Hugo Benjamín Ibarra y Martín Palermo, entre ellos).

Uno de los puntos que más se ha puesto en tela de juicio es la repatriación y la constante titularidad de los grandes (con doble sentido) en Boca, que si bien han sido claves en su momento, hoy no rinden de igual modo. A veces, el empecinamiento del DT en hacerlos jugar pese a todo, llevó al equipo a la debacle en la que actualmente se encuentra (Clausura y Apertura 2009 para el olvido, Libertadores y Sudamericana 2009 sin creces, sumado a una Libertadores 2010 inexistente).
Todo esto lo argumento con el sabor que me queda luego de cada partido: Cuando gana o empata con el último suspiro, lo hace sin gracia, porque Boca hoy no gusta aunque golee. Porque Boca sufre en la defensa. Porque Boca, con una delantera pobre, convierte únicamente cuando las oportunidades son más que evidentes.
Y vuelvo al punto y a mi conjetura con respecto al regreso de Bianchi y a una posible solidificación de este modelo. Siempre me pregunto por qué tienen que jugar obligatoriamente quienes no están en condiciones propicias para hacerlo. Quizás sea una visión pesimista, pero esta obstinación ¿no daña al futbolista y lo coloca en un rango menor al que traía?
De golpe se me viene a la cabeza la situación de Roberto Abbondanzieri, uno de los mejores arqueros de la historia del club que no está pasando un buen momento como guardameta. Tal vez la insistencia en su titularidad hace que la artillería pesada de los hinchas, periodistas y demás, se descargue con suma crudeza ante cualquier error. Y el interrogante se repite, ¿es necesario que juegue y se exponga de tal modo?
A simple vista, Boca cayó bastante hondo. ¿Eso no inquieta? Sí, por eso se buscan refuerzos. El tema es que se hace de la Bombonera para afuera, dejando de lado a los juveniles, esos que Abel Alves (alternativa en la dirección técnica de los mayores) conoce de la cabeza a los pies.
Ahora, ante la renuncia de Basile, solamente queda mirar hacia adelante. Observar a esa reserva, a esas inferiores, a ese semillero del que salieron grandes promesas como Carlitos Tévez, Nico Burdisso y Sebastián Battaglia.
A veces pareciera que costara confiar en los debutantes, cuando en realidad esos chicos juegan impulsados por sus sueños, por esas inmensas ganas de convertirse en los futbolistas a los que idolatran. Por eso, mi humilde y pequeño consejo de hincha es que se preste atención a los que hoy están abajo, sin descuidar a los que se encuentran arriba.
Un datito para agregar: Orlando Gaona tiene 19 años y es de nacionalidad paraguaya. El 4 de diciembre pasado, jugando para la reserva de Boca, le hizo 4 goles a Gimnasia de La Plata en cinco minutos. ¿Para tenerlo en cuenta, no?





