No podía dejar de escribir algo sobre esto. Me gusta hablar de fútbol y no de chicanas, como dice Horacito Pagani, pero hoy voy a seguir a las moscas y expresaré mi postura respecto de la pseudo pelea entre Juan Román y Martín.
Por un lado, como hincha fanática del 9 de oro (naaa, de los bizcochitos no), reconozco que me molestó en demasía el festejo solitario de Riquelme, mientras Palermo corría detrás como quien está a metros de llegar a la parada del colectivo y ve que el bus cerró las puertas, te guiña un farol y te bocinea “pedazo de tonta, esperá al otro, a lo sumo vas a llegar media hora más tarde y te empezarán a llamar irresponsable” (es raro, pero en lugar de impuntual siempre te llaman irresponsable, como si uno tuviese la culpa de que el colectivero tenga que terminar un truquito con otro chofer antes de salir de la terminal).
Pero contrario a lo que me (y nos) pasa con el transporte público, Martín se la bancó como un duque, se abrazó con Medel, Ibarra y Morel Rodríguez, entre otros, mientras le clavaba (los irresistibles farolazos celestes) en la nuca del topo.
Y ahí empezaron las viejas chusmas (que son hombres de entre 30 y 70 años, que responden al apodo de periodistas deportivos y que les encanta sembrar cizaña) a meter púa: Que uno no sabe convivir, que el otro está agrandado, que uno toma mate hasta 30 segundos antes de ir a jugar, que el otro quiere que se vaya para que venga su amigo...y así.
¿Pudren no? Porque uno los escucha con la certeza de que alguno está mintiendo, sino todos. Pero volviendo al tema Riquelme, y en esto salgo a defenderlo, otra de las cuestiones que surgieron es su supuesto “gueto”.
No sé, quizás sean cosas mías, pero creo que si estoy peleada con alguien con el que antes me llevaba maravillosamente bien, no voy a estar pura joda (más allá de que el buen humor de Riquelme sea tan inconstante como las veces que llega el colectivo a horario) y le voy a hacer sonrisa a mi ahora adversario. Un abrazo en un gol es una cosa, pero el “aquí no pasó nada” me suena muy “falseta”. El hacer “rancho aparte” no creo que esté mal y me parece que hay que respetarlo, es su personalidad.
Ahora, eso no significa que sea un molesto (por no decir rompe kinotos) y que a veces peque de soberbio, que también se dijo. Eso no lo evalúo porque no tengo la más mínima idea de cómo es Juan Román Riquelme. Aparte, más vale que sobre el tema hablen las viejas chusmas, que se están relamiendo.
////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////
En medio de todo esto, Jacobo estuvo con Canosa y encontró un nuevo término para designar a los tigres de Bengala: “papagayos virtuales”. No me digas que no le queda pintado a más de una.

También estuvo la “feroz” pelea entre Torry, Kirovsky y Mandia. No sé si estuvo arreglada, pero todos le echan la culpa al mago. Y claro, si cuando empezó la catarata de trompadas, desapareció. Qué bueno que salió con varita de la casa ese día, sino no le quedaba otra que tirarse las orejas para adelante.

Igual me genera ternura porque hace los trucos que yo practicaba cuando me regalaron varios cursitos, a los 9 años. Me acuerdo que siempre le erraba porque quería contar cómo se hacían y los terminaba explicando porque todos me decían “ya sé cómo lo hiciste”. Y eso que seguía todo al pie de la letra. O sea que hacía magia como el Mago Coria y el Mago Capria. Pero estaba lindo, lo llevaba a la escuela y todo. Qué tiene que ver esto con la pelea, no sé. Se nota que hacía mucho que no escribía en el blog…




