“Cuando no se tiene el coraje de vivir como se piensa, se termina por pensar como se vive”…Victoria Ocampo

jueves 15 de abril de 2010

Volví a jugar en primera (ya estuve mucho tiempo sin escribir aquí)

No podía dejar de escribir algo sobre esto. Me gusta hablar de fútbol y no de chicanas, como dice Horacito Pagani, pero hoy voy a seguir a las moscas y expresaré mi postura respecto de la pseudo pelea entre Juan Román y Martín.


Por un lado, como hincha fanática del 9 de oro (naaa, de los bizcochitos no), reconozco que me molestó en demasía el festejo solitario de Riquelme, mientras Palermo corría detrás como quien está a metros de llegar a la parada del colectivo y ve que el bus cerró las puertas, te guiña un farol y te bocinea “pedazo de tonta, esperá al otro, a lo sumo vas a llegar media hora más tarde y te empezarán a llamar irresponsable” (es raro, pero en lugar de impuntual siempre te llaman irresponsable, como si uno tuviese la culpa de que el colectivero tenga que terminar un truquito con otro chofer antes de salir de la terminal).


Pero contrario a lo que me (y nos) pasa con el transporte público, Martín se la bancó como un duque, se abrazó con Medel, Ibarra y Morel Rodríguez, entre otros, mientras le clavaba (los irresistibles farolazos celestes) en la nuca del topo.

Y ahí empezaron las viejas chusmas (que son hombres de entre 30 y 70 años, que responden al apodo de periodistas deportivos y que les encanta sembrar cizaña) a meter púa: Que uno no sabe convivir, que el otro está agrandado, que uno toma mate hasta 30 segundos antes de ir a jugar, que el otro quiere que se vaya para que venga su amigo...y así.

¿Pudren no? Porque uno los escucha con la certeza de que alguno está mintiendo, sino todos. Pero volviendo al tema Riquelme, y en esto salgo a defenderlo, otra de las cuestiones que surgieron es su supuesto “gueto”.

No sé, quizás sean cosas mías, pero creo que si estoy peleada con alguien con el que antes me llevaba maravillosamente bien, no voy a estar pura joda (más allá de que el buen humor de Riquelme sea tan inconstante como las veces que llega el colectivo a horario) y le voy a hacer sonrisa a mi ahora adversario. Un abrazo en un gol es una cosa, pero el “aquí no pasó nada” me suena muy “falseta”. El hacer “rancho aparte” no creo que esté mal y me parece que hay que respetarlo, es su personalidad.

Ahora, eso no significa que sea un molesto (por no decir rompe kinotos) y que a veces peque de soberbio, que también se dijo. Eso no lo evalúo porque no tengo la más mínima idea de cómo es Juan Román Riquelme. Aparte, más vale que sobre el tema hablen las viejas chusmas, que se están relamiendo.

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En medio de todo esto, Jacobo estuvo con Canosa y encontró un nuevo término para designar a los tigres de Bengala: “papagayos virtuales”. No me digas que no le queda pintado a más de una.

También estuvo la “feroz” pelea entre Torry, Kirovsky y Mandia. No sé si estuvo arreglada, pero todos le echan la culpa al mago. Y claro, si cuando empezó la catarata de trompadas, desapareció. Qué bueno que salió con varita de la casa ese día, sino no le quedaba otra que tirarse las orejas para adelante.


Igual me genera ternura porque hace los trucos que yo practicaba cuando me regalaron varios cursitos, a los 9 años. Me acuerdo que siempre le erraba porque quería contar cómo se hacían y los terminaba explicando porque todos me decían “ya sé cómo lo hiciste”. Y eso que seguía todo al pie de la letra. O sea que hacía magia como el Mago Coria y el Mago Capria. Pero estaba lindo, lo llevaba a la escuela y todo. Qué tiene que ver esto con la pelea, no sé. Se nota que hacía mucho que no escribía en el blog…
(Imágenes: Labombonera; Losanalisisdelatv; AdictoalaTV)

Pienso, luego elijo


“Vivimos en un país caótico, sin respuestas ni derechos. No se puede cambiar, así que no queda más remedio que acostumbrarse. Al fin y al cabo, para los argentinos, el presente siempre fue el mismo y el futuro será peor, aunque el pasado tuvo momentos de gloria”.

Vos, lector, te preguntarás si sostengo esa cita que acabo de plasmar. No te preocupes, mi pesimismo se demuestra por instantes inconstantes. Está claro que nadie puede ser pesimista en todo, con todo y siempre. Eso que acabás de leer es un simple cliché, algo que nos repiten y que de tanto ver y oír, termina infiltrándose en nuestras ideas. No digo que uno haga lo que otros dicen, pero no podemos negar que por momentos nos lleva a la duda.

¿Dudamos de lo que pensamos? Sí. Nos llama la atención, muchas veces, que sostengamos algo diferente a lo que manifiestan los demás. Así, empezamos a alejarnos de la creencia y se nos va la certeza de que varias ideologías puedan convivir (con todo lo que ello conlleva).
Esa espora que nos pregunta qué necesidad hay de variar, de presentarse distinto, se llama sentido común. Es esa oleada de pensamiento compartida por gran parte de la sociedad y que se convirtió en un elemento de cohesión.

Todo muy lindo, pero eso no significa que se actúe con convicción y uno se acerque a otro porque internalizó esas ideas, a las que constantemente somete a evaluación para verificar su correspondencia con la imagen de la realidad que ve y experimenta. Todo lo contrario: Con la investidura de “sentido común”, se envuelve la ideología del más fuerte, del que tiene más poder (económico, claro, ¿qué otra cosa genera poder hoy en día?) e inconscientemente (no inocentemente) se nos infiltra. Esto sucede especialmente cuando nos sometemos diariamente a una cantidad considerable de horas televisivas, como nos contaba nuestro amigo Gerber, en su teoría del Cultivo.

Vemos algo que creemos real, pero no es más que un discurso, una construcción que nos dice “mirá para aquí”. Al principio solemos desconfiar porque nosotros, a menudo, observamos otras cosas, pero la conclusión llega cuando nuestro cerebro se da por vencido y cae en el famoso “si todos lo piensan, debe ser así”.

Pero, ¿Quiénes son esos “todos”?. Dos o tres personas que sean entrevistadas en un programa y lo difundan, no significa que el resto piense así (y que ellas lo hagan en su vida cotidiana y ajena a los medios).

Lo que esto genera, además, es un sentimiento de rebaño disfrazado: Sabemos que tenemos que ir “con esa multitud”, porque sino quedaremos al margen, nos tildarán, nos condenarán a la exclusión, nos envolverá la sórdida espiral del silencio (de la politóloga alemana Noelle Neuman).
No hay de qué preocuparse. Seguramente nuestros próceres y héroes, porque los hubo y lo sigue habiendo, fueron y van contra la manada. ¿Acaso no nos regalaron logros que jamás podrían conseguir los que ven en el cambio una faceta inexistente: Que solo lo consiguen quienes son privilegiados?.

La propuesta es simple si aprendemos a mirar con lupa, a oír con atención y a no ser tan crédulos. En conclusión, este mensaje también fue construido, aunque con un interés distante de lo económico y de lo egoísta. Quizás me des la razón o tal vez no o a lo mejor querés dar tu comentario. Eso significa que evaluaste el artículo y lo sopesaste con lo que ves todos los días, lo cual es un gran paso y me da gusto.

Nova Adámoli
PD: Perdón por la demora en postear. Voy a hacerme un espacio para publicar más seguido.

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