Como es de público conocimiento, me gusta abordar distintas cuestiones que hacen a nuestra vida cotidiana. En la medida de lo posible, no mando a nadie al frente, aunque muchos se sienten identificados porque los tomo como punto de partida. En este caso me gustaría (y lo voy a hacer) referirme a quienes se encargan de enchastrar con pesimismo las fechas definidas como “comerciales”.
Mi papá siempre me dice que para dar un presente no hace falta que sea el “día tal” ni el cumpleaños. Cualquier fecha es propicia, al tiempo que tampoco es obligatorio hacer un regalo en “X” momento porque lo indica el calendario. Acepto y asumo la idea.
Visto y considerando que los obsequios (no sé por qué) han levantado la mano entre mis posibles temáticas para los post (uno de los últimos fue sobre la unicidad de las cosas, Borges, los libros y en fin…léanlo, sino no me conviene porque el esfuerzo mental sería facilongo), no me queda otra alternativa que hacerles caso.
Más allá de todo esto, los que ocupan las neuronas que en este momento me titilan son quienes, más que no prestarle tanta importancia, detestan fechas tales como el día del padre, de la madre (o de la familia, porque a las madres le sacaron el día y le encajaron el dicho de “el día de mamá es todos los días”, para que le puedas regalar un lindo lavarropas comprado en una importante tienda de electrodomésticos…), día del amigo, semana de la dulzura (devenidos ambos en mes para vender más), día de los enamorados, etcétera.
Me acuerdo que una compañera de clase, cuando San Valetín se acercaba en 2006, me dijo: “No aceptes ningún regalo, eso es totalmente yanqui”. ¡A la miércoles! Me quedé helada. De todos modos no era problema: no tenía novio ni enamorado. Salvo algún que otro buitre impresentable pero poco afortunado monetariamente.
Es más, ahora que lo pienso, en estos 23 años solamente recibí un regalo, pero fue a cambio de un beso que por supuesto no di. Esas eran buenas épocas y estaba el campo en favorables condiciones como para hacerse la cocorita. Ahora las cosas cambiaron: ellos me piden el obsequio, se los doy y luego me esquivan el beso. La vida es dura o como dicen Fito y Baglietto, “la vida es una moneda”, así que puede ser que un lindo árbitro como Patricio Lousteau me de vuelta el cobre para que nuevamente mis encantos femeninos atraigan a seres de mejor índole.
Y así fue que nunca le hice caso a mi compañera, aunque tampoco recibí la tentativa de alguien para darme un regalo, o sea que pasó inadvertido. Además no estuve de novia en febrero. La culpa es mía, debería pensar con la calculadora y un almanaque al lado.
Al igual que ella, hay mucha gente que no acepta obsequios en estas fechas. Es más, de presentarse una con algún producto, se tocaría el orgullo promoviendo una ofensa descarada que te puede llevar a la puesta en ridículo. Frases como: “¿Qué hacés con eso? ¿no ves que hoy es un día comercial y los capitalistas lo hacen para que las personas poco lúcidas como vos corran a comprar lo que en lugar de estar con menor precio por abundancia de demanda, está más caro y así los consumidores se llevan todo, con una excusa nefasta y destinada a los trogloditas, a un monto mucho mayor que los demás días?…” y uff, después llegan los insultos. Esa parte sería muy entretenida, porque el sarcasmo a veces nos hace muy ocurrentes, pero no se adecúa a este sofisticado artículo. Por favor, mantengamos la cordura…o vayámosla a buscar.
Pero paremos ahí: el día del cumpleaños de estas personas hay que acordarse materialmente de ellas sí o sí, sino te condenan. ¡Guarda! Se hacen los fifí y conocedores de leyes de mercado, publicidad y ventas, pero si dejaste pasar la fecha en la que nacieron, la ligás seguro. Son ellos los que te tiran, más que con la teoría, con la aguja hipodérmica sin reparo.
Es decir, no quieren que te acuerdes un poco en cada ocasión, sino que todas tus ganas de saludar con las manos llenas confluyan ese día. ¿Son materialistas? Obvio, quién no y estos más. Ocultan con un tatuaje comunista un capitalismo voraz.
Pero como dije en la ocasión anterior, esto se invisibiliza de la siguiente forma. Veamos un ejemplo: imaginá que vas llegando a la casa de tu amigo (me gusta ejemplificar con hombres, porque me acuerdo de algunos que podría poner en ridículo indirectamente…buejejeje) con un regalo. Pongámosle, una campera. No soy muy original para los regalos, no pidan tanto, además es una suposición, no se pongan quisquillosos. La campera muy bien envuelta y en una tentadora bolsa. Tocamos el timbre. Sale nuestro amigo, ansioso y nos saluda…mirando la bolsa. Es así, la vista nunca se controla, cuando la atención llama, sea escabroso, despampanante o promesa de placer, echamos un vistazo. Le damos el regalo, lo agarra y sin quitarle los ojos de encima dice: “No hacía falta” y en un tono de falso enojo, lanza un “no me tenés que hacer regalos a mí”.
En estos momentos, la bronca contenida debería brotar y salir una irónica respuesta como: “Si no te hago un regalo te quejás y me tildás de rata de alcantarilla, materialista inescrupuloso. Al final sos igual a los capitalistas que cuestionás por lucrar con los días comerciales, esas sanguijuelas que cuando la demanda aumenta, el precio no baja y a las taradúpidas como yo nos toca ir a comprarte esta campera insulsa, aburrida como la música que escuchás, a un costo mucho mayor porque a vos se te ocurrió nacer, justamente, un 21 de junio, que es cuando comienza el invierno y las prendas de temporada cuestan más que un anillo de Tiffany. Si no hacía falta regalo, dámelo que se lo doy a otro!!!”…
…Y ahí puede empezar una riña o bien, sonreír ambos y pasar a tomar o a comer algo. Porque siempre que hay fiesta, el invitado (especialmente si es periodista) va para ver qué puede manotear: comida, bebida, algún jarrón al pasar que se cayó en un bolsillo o algún amigo/a o familiar que sea accesible.
Entonces, en paralelo a los “hincharegalos”, están los “devorafiestas”. En algún lado quedarán los que van a visitarte para saber cómo la estás pasando, mientras les convides con pastel y les hables mal de los dos grupos anteriores, claro está.