“Cuando no se tiene el coraje de vivir como se piensa, se termina por pensar como se vive”…Victoria Ocampo

jueves 28 de julio de 2011

Ellos, los iguales

Buscan amor. Es lo primero que te dicen cuando se toca el tema. Quizás, la idea sea conquistarte, pero después dan unos terribles pasos en falso que te generan esas dudas que suelen aceptar como propias. Claro, ellos son los únicos que pueden sentirse confundidos. Si nos pasa a nosotras, es porque conocimos a otro o porque recordamos a un ex. Básico y recurrente.

Así es que comenzamos a marearnos, aunque ellos no quieran ni acepten. Todo esto lo digo con conocimiento de causa. Repito, si bien sólo fortifiqué una relación, el hecho de conocerse (sin existir un contacto físico) deja huellas. Desde mi punto de vista, el diálogo y la forma de hablar, escribir y gesticular, conmigo y con terceros, tiene un valor preponderante.

Siempre se tapan...
Pero volviendo a la cuestión, teniendo en mente las posibles reacciones, cuando le hablás tenés la leve sensación de estar siempre a pasitos de meter la pata (hasta la ingle, a veces). No porque vayas a cometer un error que impacte contra tus principios, sino contra los del  muchacho del momento.

Lo notás histérico, como si quisiera solamente cumplir con su "dudable" meta amorosa y listo, sin variaciones y entendiendo a la mujer como juguete que debe acompañar sus deseos. Quienes no lo aceptamos, recibimos vueltas, vueltas y más vueltas hasta que a la larga nos lanzan el famoso “dismissal” (o rechazo/ despido, en criollo). El "No" del hombre es diferente al de la mujer. Cuando nosotras lo decimos, es definitorio. Cuando lo dicen ellos significa:  "Eso no lo hagas, más vale haceme caso".

A esta clase de hombres (a la que denomino "Los iguales", porque tienen tanto miedo que todo les da igual), no les podés decir “me gustás” porque piensan que les estás proponiendo casamiento. No les podés decir “quiero que seas mío” porque lo entienden como una actitud posesiva. No les podés mencionar la palabra “amor" porque les suena cursi. No tenés permitido llamarlos por teléfono ni ir a buscarlos a sus casas porque "siempre están ocupados" (rascándose la nariz, mirando alguna película pirateada o tratando de levantarse otra mina). El ego del muchacho de esta especie siempre debe ser superior al tuyo, por lo que no podrás tener una rica vida social (cuanto menos conocidos, mejor). Quieren una chica común y corriente que diga "sí" y "no" según sus apetencias. No te olvides de que sus amigos siempre tomarán las decisiones por ellos y cada palabra que digas será sometida a consulta popular. ¡Ah, y ojo! no los celes jamás porque es una "castración" inaceptable. Si se le tira una chica y lo besa, vos tranquila e inmutable (consejo: mientras tanto, mirá para otro lado que la vas a pasar mejor).

Insoportables: la historia se repite. No sé si antes me relacionaba de otra forma o qué, pero no me resultaba estridente. Reconozco que mi carácter varió un poco. En otra instancia de mi adolescencia era todavía más restrictiva. Ahora, ante una mirada o gesto que me demuestre un cierto interés, abro el juego y no tengo problema en decir lo que siento (¿eso asusta? Sí, y mucho. Para ellos es catastrófico. Decirles "me caés muy bien" y guiñar el ojo es similar a situarlos debajo de una horca).
No hay caso: no reaccionan.
Ahora bien, contrariamente a la vida que mantienen "Los iguales", vos no podés salir con otros hombres, así sean amables compañeros de trabajo que solamente quieren protegerte. Tus amigas serán unas resentidas y tus amigos no te podrán siquiera oler. Debés respetar los horarios, no llevarte laburo a casa, ser experta en quehaceres domésticos, callar más que hablar y no estudiar en tus ratos libres, los cuales deberás organizar para verlo a él, para ponerte linda para él, para pensar en él y para conversar con él. Es más, si querés dejar la carrera para estar disponible para cuando te haga alguna pasajera invitación, ideal y maravilloso.

El procesamiento mental es simple: si no ofrece nada y pide mucho, no vale la pena perder los sueños y el sueño. Él es una egoísta y vos, si lo hacés, una dominada (duro pero cierto, excepto casos extremos). Más vale, que pase el que sigue y a este nabo, que lo cure Lola…

Dentro de mi cabecita, siempre definiré a estas personas como inmaduras por el simple hecho de no mirar más que a su propio ombligo y no hablar a tiempo. Este tipo de hombre, entiendo, no se abraza a las muestras de cariño que una les da. Quizás no se sienta merecedor o simplemente lo encuentre extraño (para descifrarlo existe la psicología). Mi más humilde consejo es que todo esto será raro hasta que se lo conozca. Es miedo es lógico, pero la cobardía, cuando afecta al otro, es hiriente.

Hay un paso más: como en todo momento temeroso, cuando se junta valor se pretende una segunda oportunidad. Pero...¡tarde piaste! Te vuelve a buscar, pide perdón o, si es muy orgulloso, opta por acercarse de la misma forma y empezar de cero. Lo que no sabe, supongo, es que ya estamos lejos aunque nos sentemos a su lado o nos riamos de sus gracias.

No muchachos. Sólo los hombres seguros se llevan la mejor parte. En primer lugar, HABLEN, cuenten lo que les sucede, aunque piensen que es bueno, es malo o simplemente una duda. Con justicia debo reconocer que como me encargo de revelar las malas experiencias, también he vivido otras muy buenas en las que me relacioné con gente muy sincera y que sin ánimos de hacerme sufrir, no tuvo pelos en la lengua y prefirió cortar las prematuras ilusiones antes de que sea tarde (pero lo favorable no garpa. Lo que pesa es el quilombo, dicen los mediáticos y les hago caso, jeje).

Un hombre seguro y protector.
Hombre: como decía Berugo, “Venga y atrévase a soñar”. Al fin y al cabo, el que no arriesga, no gana. De hacerlo y no recibir una respuesta acorde a lo que buscaba, podrá echarle la culpa a la contraparte (que varía de nombre, color y forma a medida que pasa el tiempo), como acabo de hacer yo y que usted no se imaginó hasta que leyó el cierre de este artículo.

martes 19 de julio de 2011

Diálogo

‎-Mamá: "Hija, lo decía tu abuela: 'El hombre de tu vida vendrá a buscarte a la puerta de tu casa'. A mí me funcionó".
-Yo: "Pero porque papá y vos tuvieron suerte".
-Mamá: "Es así, haceme caso, te vienen a buscar a la puerta de tu...".
-Yo: "Sí, mamá. Todo muy lindo, pero ustedes hicieron muy mal en comprar un terreno sobre una calle cortada. No llegan ni los carteros"...

Los cinco tipos de mujer

Una parte de la investigación de Cicmas Strategy Group optó por segmentar a las encuestadas según la coherencia al interior de distintos grupos. Así, se llegó a cinco perfiles dominantes que son una construcción metodológica. Aquí, un breve resumen de La Nación (año 2006).1. Las liberales

Están alejadas de los placeres afectivos de la vida hogareña y distantes de los valores tradicionales. Se manifiestan abiertas sexualmente y buscan su independencia; tienen una activa vida social. Son optimistas y asumen una posición de vanguardia. Son las que más buscan desempeñar el rol de mujeres actuales y son las menos religiosas. Trabajan por independencia económica, para desarrollar su personalidad, porque les gusta su labor y no quieren ser amas de casa. Creen que la mujer ha ganado con los cambios y que las relaciones entre los sexos han mejorado. Les gusta el hombre actual y no cuestionan a las parejas modernas.
Entienden que a la mujer se le sigue exigiendo ser atractiva, pero esto tiene que ver con el sex-appeal. Tampoco buscan mostrarse sujetas a los dictados de la sociedad. Por eso dicen que no están pendientes del peso y que no tienen problemas en reciclar ropa. Sin embargo, van al gimnasio más que el promedio. Tampoco quieren atarse a las imposiciones de la tecnología ni a las de las marcas.
Les interesa estar al día con la información, pero no tanto con la política. Se muestran interesadas en los consumos culturales, concurren a espectáculos. Son las más lectoras.

2. Las aggiornadas
Son madres actualizadas y equilibradas. Han integrado con fluidez los roles tradicionales de la mujer en la familia, los cambios del género y el histórico papel de seductora. Son seguras, manejan las contradicciones modernas del género. Quieren hacer y hacen todo, pero a la vez buscan las gratificaciones que entienden que merecen.
Cuidan su cuerpo y su aspecto exterior: la belleza física es un valor y la apariencia, una identidad social. Les gusta comprarse ropa y complacer sus gustos. Hacen gimnasia. No buscan precios y se mueven por las marcas.
No aceptan la división tradicional de roles. Tratan de resguardar los espacios propios dentro de la pareja y aceptan relativamente la expansión de la libertad sexual. Valoran el afecto en las relaciones sexuales.
Les interesa el cuidado de la casa, pero no son obsesivas. Les atrae la tecnología, sobre todo por confort.
Creen que la situación de la mujer mejoró, aunque se sumaron obligaciones. Trabajan porque les interesa su tarea y para tener mayores comodidades.
Les gusta estar al tanto de la actualidad, son fuertes lectoras de revistas. También, muy afectas a la TV y el cine.
3. Las tradicionales
Extrañan el rol tradicional del hombre en la familia y la época de mayor tolerancia en las parejas. Se paran ante las novedades con una actitud conservadora, creen que los cambios han implicado pérdidas.
Su imagen se corresponde con el ideal femenino del pasado: una mujer que se dedica a su familia, que no manifiesta aspiraciones en términos de logros personales y que se muestra conforme. Es el perfil más religioso.
Son las que menos creen que la situación de la mujer y las relaciones de pareja hayan mejorado. Suelen no aceptar que una congénere no quiera ser madre. Sexualmente son las más reprimidas y están en contra de la infidelidad.
Ven al hombre como el sostén económico del hogar. Si la mujer trabaja es porque sus ingresos no alcanzan. Les gusta tener un tiempo para ellas, pero a la manera de antes: no aceptan salidas nocturnas con amigas, y menos con un amigo o un ex novio.
No les molesta ocuparse de la casa (son obsesivas en su cuidado) y les gusta cocinar. Creen que el género femenino tiene un mayor saber para hacerse cargo del espacio hogareño.
Les importa más el cuidado de la salud que el de la belleza. Prefieren no gastar en sí mismas: compran alimentos antes que ropa para ellas. No adquieren ropa de marca y reciclan prendas viejas. Son las que más tiempo pasan frente a la pantalla de la TV.
4. Las descontentas
Están atraídas por los nuevos roles sociales de la mujer, pero no lograron insertarse en ellos. Eso parece deberse a su pertenencia a un lugar socioeconómico desfavorable y a aspectos contradictorios de su personalidad, ya que a pesar de sus aspiraciones presentan muchos rasgos tradicionales. Además, suelen carecer de contención familiar; son las que más sufren las contradicciones del género hoy.
Es el segmento con menor inserción laboral. Pero, de trabajar, lo harían sólo por necesidades económicas. La casa es su espacio de actuación y son obsesivas en su limpieza. Sus salidas son pocas, casi no concurren a espectáculos. Incluso, van poco de compras: prefieren hacerlo a través de la venta por catálogo.
Creen que la mujer ha sumado obligaciones y ha ganado poco. Buscan preservar la pareja y son las más tolerantes hacia la infidelidad. Les gusta el hombre amable y caballero.
Adhieren a una división tradicional de roles sexuales y les gustaría que el hombre fuera el sostén económico de la casa. Prefieren que el sexo se conjugue con el afecto, aunque no son inhibidas.
Son sensibles a la opinión del entorno; por eso no les gusta diferenciarse demasiado. Buscan respaldo externo a sus decisiones; por ende, tienen vínculos más fuertes con las marcas. Deben cuidar prolijamente su presupuesto, por lo que son prácticas en las compras. Se muestran atentas a las promociones.
Dentro de sus límites económicos, muestran interés por lo nuevo y "lo lindo". Les gustaría vestir bien y comprar tecnología de avanzada.
Creen que hoy importa más el ideal de la salud que el de la belleza física. No obstante, se muestran muy preocupadas por su peso y les gustaría cuidar su figura, pero concurren poco al gimnasio y no siempre pueden mantener su decisión de seguir una alimentación racional.
Muestran un interés relativo por la actualidad y son reticentes a reconocer que la mujer puede desempeñarse en todo tipo de actividades.
5. Las desinteresadas
No manifiestan entusiasmo por la evolución del rol de la mujer. Ponen menos esfuerzo en el cuidado de su aspecto.
Su ideología es tradicional en términos de roles familiares y de cambios producidos en el género. Las define su actitud indiferente y pasiva, aun en los espacios elegidos.
A pesar de que resignan los lugares de seducción femenina, sus mayores intereses se centran en la pareja. Sostienen la división tradicional de roles sexuales. Creen que el marido debe mantener económicamente la casa y ganar más.
Sienten que la mujer ha perdido con las modificaciones. Sólo aceptan que está mejor la relación entre los sexos. No les parece que haya poca tolerancia ni piensan que los hombres del pasado hayan sido mejores.
No separan el sexo del amor y condenan la infidelidad. En general, mantienen posiciones rígidas en torno a la libertad sexual.
Trabajan por independencia económica y para tener mayores comodidades, no para su desarrollo personal.
No eligen primeras marcas ni manifiestan interés por la tecnología. No se preocupan demasiado por una alimentación saludable ni por el cuidado de la casa.

martes 12 de julio de 2011

El gato de la suerte (Fuente: Predicciones)

Elementos zoodiacales

Leelo o miralo: "El Otro", Jorge Luis Borges.


El Otro
Por Jorge Luis Borges
El hecho ocurrió el mes de febrero de 1969, al norte de Boston, en Cambridge. No lo escribí inmediatamente porque mi primer propósito fue olvidarlo, para no perder la razón. Ahora, en 1972, pienso que si lo escribo, los otros lo leerán como un cuento y, con los años, lo será tal vez para mí. Sé que fue casi atroz mientras duró y más aún durante las desveladas noches que lo siguieron. Ello no significa que su relato pueda conmover a un tercero.

martes 5 de julio de 2011

La Ley de la Atracción


La ley de la atracción es una ley universal que trata de explicarnos que atraemos las personas y situaciones acordes a nuestro tipo de pensamientos.

Nuestros pensamientos y sensaciones emiten unas frecuencias vibratorias en forma de mensajes al Universo. Trata de imaginarte al Universo como un inmenso espejo, con la diferencia de que este espejo es creador, no te devuelve una imagen, sino una situación reflejo exacto de lo que vos pensás. La ley de la atracción opera siempre y para todo el mundo.

De este modo si te enfocas en lo que te hace sentir bien (alegre, relajad@, entusiasmad@...) te llegarán más situaciones cosas o personas que te harán sentir del mismo modo.

Si por el contrario te enfocas en lo que te hacen sentir mal (triste, ansios@, rabios@...) atraerás hacia tu vida situaciones que concuerdan con ese sentir.

Ilustremos esto con un ejemplo: dos personas se encuentran en un atasco provocado por un accidente y llevan media hora esperando que la carretera se despeje. El primero está malhumorado, se queja del gobierno, de cómo va el país, de lo mal que conduce la gente, de lo dura e injusta que es la vida por permitir que haya accidentes... está emitiendo una señal de malestar al Universo. Y eso será precisamente lo que le devolverá. El segundo decide descansar un poco, se pone una preciosa música relajante y decide aprovechar esos momentos de pausa que el Universo le procura. La señal que emite es de bienestar, de confianza en la vida y en sus procesos y eso es lo que el universo le devolverá.

La ley de la Atracción ha sido siempre conocida, a través de los tiempos. Sin embargo fue guardada celosamente por grupos de personas que pretendían usarla para su propio beneficio. Tenían la falsa creencia de que no había suficiente riqueza y abundancia para todos y lo querían solo para ellos. Al ocultar esta poderosa fuente de poder conseguían tener súbditos sumisos.

Cuando te estés sintiendo mal: triste, ansios@, enfadad@, celos@, envidios@, desanimad@... encontrá un modo de cambiar esta vibración, elegí otros pensamientos que te permitan sentir bien: alegre, feliz, relajad@...

Ejemplos de cosas que podemos hacer para subir nuestra vibración: leer un libro sobre la ley de la atracción (siempre inspira y tranquiliza), hacer alguna afirmación, llama a algún amigo, mira imágenes del viaje que quieres hacer, o de la casa que deseas comprar o del coche... escucha una música que te inspire... haz aquello que te ayuda a salir de ahí, y a reencontrar tu felicidad.

¿Si hubieses sabido esto antes te hubieses ocupado rápidamente de encontrar formas de no quedarte en lo que te hace sentir mal?
Buscá tu propia manera y... ¡adelante!

¡Atrevete a Ser Feliz!

(Fuente: Web)

PD: Cuando alguien cree que tiene mala suerte y le ocurren infortunios, realmente no es que sea gafe. Al creer que tiene mala suerte, atrae más infortunios (o interpreta los sucesos como malos).
Pero verdaderamente no es que tenga mala suerte: tendría mala suerte si creyera tenerla y luego tuviera buena suerte.
Pol Cox

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