No soy una persona que solamente se sienta atraída por lo que sus ojos ven, cuestión que hoy pude comprobar. Un roce, un sonido, un perfume son situaciones que despiertan a mis otros sentidos y los ponen en primer plano a la hora de relacionarme con alguien.
Digo que hoy lo comprobé porque me sucedió algo muy curioso. Cuando me dirigía hacia la radio, me crucé con un hombre de unos 35 años, aproximadamente, calvo, de estatura media…normal. No era ni Navarrete ni el tanque Silva, aclaro. Lo miré de paso, no le presté atención en un primer momento. De curiosidad lo seguí con mis ojos y lo vi subir a un auto azul.
Nada extraño, cualquiera podría hacer esos movimientos rutinarios y no tenía por qué llamarme la atención. Pero ahí sucedió todo: cuando voy llegando, sobre la vereda, al lugar en el que estaba estacionado su vehículo, sube el volumen del reproductor.
“Si me dejas ahora, no seré capaz de sobrevivir, me encadenaste a tu falta y enseñaste a mi alma a depender de ti, ataste mi piel a tu piel y tu boca a mi boca...". Sí, como por arte de magia, el insignificante pelado se había convertido en un ser admirado por deleitarme con una de mis canciones preferidas, que si bien es de José José, es interpretada exquisitamente por Camilo Sesto.
Era como un regalo de cumpleaños anticipado mediante el cual el muchacho se ganó mi simpatía (algo no muy simple de conseguir, aunque a veces parezca lo contrario). Para los que no están al tanto, Camilo es uno de mis cantautores favoritos, al igual que José José.
Y bueno, así fue que el calvo me quitó una sonrisa y le hizo un mimo a mi corazón. No me cansaré de decir que las caricias son más dulces cuando llegan de la mano de quien no nos esperamos…



